RETRATO NICOLAS DE SEGURA

El procurador jesuita Nicolás de Segura y la catedral de Puebla

En su Historia de la fundación de la ciudad de Puebla de los Ángeles, el historiador poblano Mariano Fernández de Echeverria y Veytia (1718-1780), describe las cuatro preciadas reliquias que hacia el tercer cuarto del siglo XVIII se alojaban en la silla episcopal del coro de la catedral de Puebla dentro de un nicho oculto tras su respaldo 1. Las dos que todavía se conservan bajo llave en dicho asiento son, por un lado, el santo lignum crucis colocado en una cruz de plata y, por otro lado, la piedra (o mineral) cuyas vetas naturales trazan una figura que fue interpretada como una representación de la Virgen de los Dolores 2. No he identificado el paradero de la espina de la corona de Cristo que -a decir de Echeverría- se encontraba en un relicario de plata. Sin embargo, la mención de un pequeño hueso del apóstol san Pedro interesa al Proyecto ProJesArt porque fue sistemáticamente ligada a un procurador jesuita de origen poblano que fue enviado a Roma. Aunque no he tenido acceso a ella, se me ha informado que la reliquia se conserva fuera de la vista de los fieles. En su obra, Echeverría explica que el padre jesuita poblano Nicolás de Segura (1676-1743) trajo este hueso desde Roma con su auténtica y, además, detalla que la donó al arcediano don Juan Francisco de Vergalla (m. 1734) quien, a su vez, la entregó -nuevamente en donación- a la catedral. Si tomamos en cuenta que en 1726 Nicolás de Segura fue electo procurador a Roma (en la vigésimo quinta Congregación Provincial) y que Vergalla falleció en 1734 es posible deducir que el preciado fragmento sagrado debió entrar al acervo en los primeros años de la cuarta década del siglo XVIII. Al revisar los inventarios de la catedral pude constatar que la fecha exacta en que -el entonces todavía maestrescuela- Juan Francisco de Vergalla entregó dicho hueso en donación fue el 1 de junio de 1731. Además, esta fuente informa que la cedió colocada sobre una cera de Agnus sin aclarar si llegó de Roma con este arreglo o si se trató de un suplemento de parte del prebendado 3. Con posterioridad, la historia de esta reliquia se repite e incluso amplía, en otros dos inventarios. En el de 1766 se indica que se veneraba en el “sagrario” del coro (es decir, en un nicho con puerta ubicado arriba de la silla del obispo) y se informa que se encontraba dentro de un relicario de oro junto con una cera de agnus y que la reliquia había sido traída por el padre Nicolás de Segura, cuando regresó de Roma, y donada al señor arcediano quien la donó a la Santa Iglesia catedral de Puebla. En el inventario de 1792 se añade que la reliquia estaba sobre “un pedazo” de cera de agnus (¿se referiría a un fragmento y no la cera completa?) y que iba acompañada de su respectivo rótulo en donde se indicaba que era de san Pedro. Al igual que en el inventario anterior y en la obra de Echeverría, se acredita su llegada tanto al procurador jesuita como al prebendado del cabildo catedral. Todas las fuentes parecen revelar que el sitio de veneración de esta reliquia siempre fue el coro.

El contraste entre el absoluto protagonismo de la pieza en las fuentes escritas del siglo XVIII y su actual invisibilidad nos lleva a preguntar si la trágica muerte de este procurador pudiera jugar algún papel relevante. Para esta travesía, sirva de guía inicial el retrato del procurador Segura conservado en el Museo Kaluz (IMAGEN) en cuya zona inferior se resumen sus datos biográficos más relevantes y, sin mentir, se atenúan las circunstancias de su fallecimiento: 

V[enerabl]e P[adr]e Nicolas d[e] Segura d[e] l[a] Prov[inci]a d[e] Mex[ic]o. Nacio en Puebla a 6 d[e] Dici[embr]e d[e] 1676. Varon d[e] los mas Sabios y S[an]tos q[ue] tubo la Prov[inci]a d[e] dulce condicion, y extremada Cari[da]d. Leyo las Cath[edra]s d[e] Phil[osofi]a y Theol[ogí]a en el Máximo. Fue Procu[rado]r a Roma, y Mad[ri]d. Rec[to]r. d[e] Puebla, Tepoz[otlá]n Y Mex[ic]o. Siendo Prepocito d[e] l[a] Profesa, amanecio muer[t]o a 8 d[e] Marzo de 1743.

El descubrimiento, en 1850, del cuerpo momificado del padre Nicolás de Segura en la capilla de San Sebastián en el templo de la Profesa de la Ciudad de México seguido del acceso a documentación inédita del anticuario José María de Agreda y Sánchez con pormenores del caso seguramente facilitó que en la última década del siglo XIX el historiador Luis González Obregón (1865-1938) dedicara el capítulo XLVIII de su obra México Viejo: noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres a “El crimen de la Profesa”. En este apartado relata que el 8 de marzo de 1743 amaneció asesinado el padre Segura, quien en aquel momento era el prepósito de la casa Profesa. Entre las versiones que circularon y quedaron registradas hay una que es especialmente reveladora para el caso que nos ocupa pues indica que unos días antes del asesinato, el jesuita se refirió a la posible canonización del antiguo obispo de la catedral de Puebla don Juan de Palafox exclamando que “primero lo ahorcarían, que ser santo ese embustero”. 4 De este modo, no parece una mera coincidencia que el cuerpo descubierto en el siglo XIX fuera encontrado, al parecer, con señales de estrangulación 5

Se sabe que el proceso seguido tras el asesinato duró más de un año y que el mayor sospechoso fue el coadjutor jesuita José Villaseñor a quien se le encarceló para posteriormente declararlo culpable. Sin embargo, González Obregón narra que la documentación incompleta impide saber si cumplió la condena impuesta y, además, nos recuerda que ya Francisco Sosa (Campeche 1848-CdMx 1925) había observado que historiadores de la Compañía de Jesús que pudieron haber recogido información sobre el caso -como el padre Andrés Cavo (Guadalajara 1739-Roma1803) o el padre Francisco Javier Alegre (Veracruz 1729-Bolonia 1788)- guardaron silencio en sus obras. No parece azaroso que la historia haya vuelto a circular en internet en el año 2020, 6 el mismo año en que el Museo Kaluz abrió sus puertas en la esquina de Av. Hidalgo y Paseo de la Reforma después de adaptar como recinto cultural un inmueble histórico que fuera hospedería para misioneros en camino de España a Filipinas, vecindad y Hotel de Cortés. Como hemos dicho, entre las obras de su colección se encuentra el magnífico retrato de Nicolás de Segura firmado, en 1802, por Andrés López (1763-1811) 7 que fuera ofrecido a la venta por la casa de subastas López Morton el martes 16 de enero de 2018 y que porta una inusual inscripción al indicar que fue procurador en Madrid y Roma pues lo común en otros retratos existentes de jesuitas procuradores es que ahí no se registre su cargo 8

La conexión de documentos con piezas precisas abre múltiples posibilidades. Uno de los atractivos de rastrear, además, la circulación de estos objetos a partir de la figura de los procuradores jesuitas que viajaban a Roma es que visibiliza dinámicas tanto locales e individuales como corporativas y globales. Estos viajes eran tan extraordinarios y los objetos transportados tan atractivos y codiciados que, directa o indirectamente, los procuradores respondieron a múltiples necesidades y, como hemos visto, les dieron enorme visibilidad más allá de su orden. Rastrear sus regalos no solo permite reconstruir geografías o redes artísticas, sino también el impacto que estas piezas tuvieron en sus destinos finales como modelos a seguir y porque propiciaron nuevas configuraciones de manufactura local. Todo ello repercute en nuestro mejor conocimiento de las culturas materiales y visuales americanas hasta la actualidad. En este caso en particular, uno se pregunta si la trágica historia de este procurador novohispano que fuera silenciada por los miembros de su orden en el siglo XVIII y revivida entre los siglos XIX y XXI pudiera servir de clave, o no, para comprender que un fragmento tan relevante por provenir del cuerpo del apóstol san Pedro y haber llegado directamente de Roma con su auténtica a la catedral de Puebla fuera retirado del asiento episcopal del coro. Tampoco se debe descartar la posibilidad de un mero traslado y reconfiguración ornamental que -a reserva de evaluarlo con más detalle- haya que asociar con la reliquia rotulada del apóstol san Pedro que actualmente se encuentra dentro del mismo nicho coral pero unida a un crucifijo. 

Patricia Díaz Cayeros

 1   Fernández de Echeverria y Veytia, Mariano, Historia de la fundación de la ciudad de Puebla de los Ángeles, edición, prólogo y notas de Efraín Castro Morales, Puebla: Altiplano, 1963, p. 88. 

2   Véanse en: Patricia Díaz Cayeros, Ornamentación y ceremonia: cuerpo, jardín y misterio en el coro de la catedral de Puebla, México: UNAM-IIE, 2012, pp. 478-79.

3   Se trata de una de las piezas añadidas al inventario iniciado en el año de 1712. 

 4 Luis González Obregón, Época Colonial. México Viejo. Noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres (México: editorial Patria, 1955), 472. 

 5  “Dicen los que lo han visto, que conserva las señales de la estrangulación” (Ibidem, p. 476.)

 6 https://www.cronica.com.mx/notas-drama_y_muerte_en_el_hogar_de_los_jesuitas__el_doble_crimen_de_la_profesa-1170299-2020.html

 7 Andrés López (México, 1763-1811), Retrato de Nicolás de Segura, óleo sobre tela, 1802, 40×30 cms.

 8 Agradezco a Verónica Zaragoza que me facilitara la referencia del catálogo de esta subasta mexicana de antigüedades en la que también se incluyó la colección de Ignacio Conde y a Luisa Elena Alcalá que llamara mi atención hacia lo inusual de la inscripción. 

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