La elección de procuradores en las congregaciones provinciales: el caso de la Provincia Mexicana
En el Archivo Histórico de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús se conserva un documento que presenta información relevante sobre las congregaciones provinciales que se llevaron a cabo entre 1577 y 1763 en Nueva España. En formato de tabla se enlista el número de la congregación, el día y el año en que dio inicio, el nombre del provincial y el del secretario de la congregación; así como el del procurador electo y su sustituto o, a partir de 1680, sustitutos. La última columna del documento informa el número de postulados en dicha congregación. (IMAGEN 1)
Aunque el documento no está fechado ni firmado, es posible inferir que se elaboró después de 1763 y antes de 1767, a solicitud de un superior de la Orden en el virreinato novohispano. Comentarlo brevemente es de interés para el Proyecto ProJesArt porque da a conocer el nombre de los procuradores y los sustitutos electos en las treinta congregaciones provinciales de México, ya que eran estos procuradores los que viajaban a Europa y adquirían diversos “objetos de devoción” durante su trayecto.
De acuerdo con la Formula Congregationis Provincialis 1, las congregaciones provinciales debían celebrarse cada tres años, pero las “provincias remotas” podían hacerlo cada seis. La primera congregación de la Provincia Mexicana se reunió el 5 de octubre de 1577, cinco años después de la llegada de la Compañía de Jesús a Nueva España, “para elegir al procurador a las dos cortes de Roma y Madrid”. 2
En el caso mexicano, el tiempo entre las congregaciones fue variable. La Tercera congregación provincial (1592) solicitó autorización para hacerlas cada cuatro años, por ser “más útil a la Provincia”, petición que el padre General Claudio Aquaviva aprobó en 1594 3. Con el tiempo se restableció el intervalo de seis años, aunque algunas se celebraron cada siete o nueve años. 4
Cuando el provincial decidía realizar la congregación enviaba cartas a los padres profesos de cuatro votos, a los rectores de los colegios y a los superiores de las casas para reunirse en un lugar y una fecha determinada. Las congregaciones de la Provincia Mexicana se llevaron a cabo en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, en la ciudad de México, en los primeros días del mes de noviembre. Aunque algunas se adelantaron por la urgencia de tratar algunos temas relevantes, como fue la Décima tercera congregación (1643) que dio inicio el 31 de enero con el fin de que el procurador electo pudiera zarpar con la flota en el mes de marzo del mismo año. La premura del viaje era “negociar cuanto antes en Europa el pleito de diezmos con el obispado de Puebla”. 5
En el siglo XVI se limitó el número a 40 o 50 participantes, pero en las congregaciones generales posteriores se modificó esta norma. Una vez reunidos los padres “a campana tañida” y después de una oración, daba inicio la congregación. El primer día y siguiendo la Formula se declaraba que la congregación era “legítima” y sin “defecto alguno”. Sin embargo, en el documento que se comenta, la Décima tercera y la Décima sexta congregaciones tienen la anotación de “congregación irregular”, ya que en ambos casos el provincial no contó con todos los votos para convocarla o los vocales para celebrarla y, al parecer, la primera se realizó en la Casa Profesa en lugar del Colegio Máximo como era costumbre. 7
A continuación, se elegía por votación al secretario y a su ayudante, así como a los diputados. También se decidía la fecha y la hora para elegir al procurador que viajaría a Europa. El día señalado, los padres se reunían en la sala de la congregación y votaban para elegir al procurador y a su sustituto. Por orden del padre General Juan Pablo Oliva, a partir de la Décima nona congregación provincial (1680), se nombró a “un procurador y dos substitutos, en lugar de uno que antes se nombraba”. 8
La Formula señalaba que para la elección se tomara en consideración que el procurador tuviera conocimiento y experiencia en asuntos de la Compañía, así como madurez en el juicio y prudencia en “cosas de acción”. En el documento que se comenta, la quinta columna registra el nombre del “Procurador”, la sexta el del “1° Substituto” y la séptima el del “2° Substituto”. Cabe señalar que la congregación provincial daba “poder y facultad” para que el primer procurador y sus sustitutos pudieran estar presentes y votar en cualquier congregación que se llevara a cabo en Roma, así como para los negocios que debían atender mientras permanecieran en Europa.
En diversas ocasiones, el primer procurador no pudo realizar el viaje por lo que fue reemplazado por su sustituto. De este modo, la elección de los suplentes era fundamental, pues era la manera de asegurar que un representante de la Provincia viajara a Europa para atender los asuntos locales, así como participar en la Congregación de Procuradores y en la Congregación General, en caso de que esta última fuera convocada. Al que viajaba, procurador o sustituto, le asignaban un compañero, comúnmente un hermano coadjutor, para “gestionar los encargos de su provincia y procurar todo lo necesario para la misión de regreso”. 9
Francisco Xavier Alegre da noticia de algunas sustituciones; por ejemplo, la Undécima congregación (1631) eligió al padre Florián de Ayerbe como procurador, pero el padre General Vitelleschi lo designó provincial, por lo que su sustituto, el padre Tomás Domínguez, tomó su lugar y viajó a Europa. 10 A su regreso, en 1635, Domínguez falleció y su compañero, el hermano Gabriel de Hontoria, tuvo que dar cuenta a los superiores de las diligencias y los gastos realizados en su travesía. 11
Una vez que el procurador regresaba a Nueva España, de un viaje que podía durar años, le correspondía informar detalladamente a sus superiores sobre todos los asuntos tratados en el trayecto, así como los gastos realizados en la compra de “cosas de devoción”. Por eso, cuando el procurador Antonio Rubio obtuvo la licencia del Padre General para quedarse en Europa, la Sexta congregación provincial (1603) solicitó que esto no se permitiera, pues los procuradores no cumplían con su oficio si no volvían a la Provincia a dar cuenta de las cosas que se les había encargado. 12 También existió el caso de que un procurador provincial permaneciera más tiempo en Europa por haberle sido asignado otro cargo, como fue el del padre Francisco de Florencia nombrado Procurador de Indias en Sevilla, oficio que desempeñó de 1673 a 1677. 13
Otro caso de sustitución fue el del padre Andrés Pérez de Rivas, electo procurador en la Duodécima congregación (1637), que no pudo viajar por haber sido nombrado provincial y fue relevado por su sustituto, el padre Pedro de Velasco. 14
Sin embargo, la siguiente congregación (1643) eligió nuevamente a Pérez de Rivas como procurador que, a pesar de contar con 67 años, fue enviado con celeridad a Europa para tratar el asunto de los diezmos que se comentó líneas arriba.
Algunos procuradores fueron sustituidos porque fallecieron en el viaje por enfermedad o naufragio. En el caso del padre Baltasar López, electo en la Décima cuarta congregación (1650), se contagió de peste amarilla en el navío en el que viajaba. Él y su compañero, el hermano Bartolomé de Molina, murieron antes de llegar a la Habana. Su sustituto, el padre Diego de Salazar, tomó el relevo inmediatamente y se dirigió con su compañero, el hermano Gabriel de Espínola, a Veracruz, pero ambos también fallecieron en el puerto contagiados del mismo mal. El provincial Andrés de Rada y sus consultores tomaron la determinación de no enviar a otro procurador a Roma y que el padre Lorenzo de Alvarado, que desde 1648 se encontraba en Europa, se hiciera cargo de los asuntos de la Provincia, entre los que se hallaba el pleito con el obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza. 15
Conforme a la orden del General Oliva, la Vigésima tercera congregación (1713) eligió al padre Pedro Ignacio de Loyola como procurador, al padre Antonio de Figueroa Valdés como primer sustituto y al padre Juan Antonio de Oviedo como segundo sustituto. Al parecer, a partir de dicha disposición, el procurador y el primer sustituto realizaron el viaje juntos, por lo que el 4 de marzo de 1715, Loyola y Figueroa salieron del puerto de Veracruz y llegaron a la Habana, de donde zarparon para España el 25 de julio; sin embargo, el 31 su embarcación naufragó y ambos fallecieron.
Ya que Oviedo había sido electo segundo sustituto fue llamado para desempeñar el oficio de procurador y hacerse cargo de “los negocios encomendados a los dos difuntos padres”. Del Colegio de Guatemala, donde residía, viajó a la ciudad de México llegando en marzo de 1716. 16 Después de visitar al virrey duque de Linares, “quien le encomendó confianzas de particular reserva”, recibir las licencias y pasaportes correspondientes, así como las instrucciones del provincial, 17 se le asignó al hermano Joseph López como compañero y se encaminó al puerto de Veracruz, donde se embarcó en el mes de mayo. Es posible conocer el viaje de Oviedo por Europa a partir del relato de su biógrafo, el padre Francisco Xavier Lazcano. 18
Algo similar sucedió con los padres Pedro de Echávarri y José Maldonado, electos procurador y primer sustituto, respectivamente, por la Vigésima séptima congregación (1742). Ambos fallecieron en la Habana, por lo que correspondió al segundo sustituto, el padre Francisco de la Paz, hacer el viaje a Roma. Sin embargo, a su regreso en 1747, De la Paz falleció en Auxerre, Francia. 19
En el documento también se observa cómo algunos padres fueron ascendiendo en los cargos, pues un sustituto podía ser electo, en otra congregación, primer procurador. También fue recurrente que un procurador fuera nombrado, posteriormente, provincial ya que el oficio de procurador daba al individuo un amplio conocimiento sobre diversos asuntos de su Provincia, así como de la Asistencia de España y de la Curia General en Roma. Por ejemplo, el padre Nicolás de Arnaya fue electo sustituto en las congregaciones de 1599 y 1608. Al respecto, Alegre señala su extrañeza al señalar que “no carece de dificultad que un mismo sujeto, en tan pocos años haya sido electo dos veces”.20 En 1613, la Octava congregación lo eligió procurador y, en 1616, fue nombrado provincial.
En conclusión, este documento informa sobre las congregaciones provinciales celebradas en la Provincia Mexicana, así como los procuradores y los sustitutos electos en estas asambleas, por lo que es una fuente que permite el estudio de los procuradores que viajaron de América a Europa con diversos encargos y que este proyecto busca documentar y analizar.
Verónica Zaragoza
1 Formula congregationis provincialis, Romae: ex typographia Varesij, 1684.1
2 Francisco Javier Alegre S.J., Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, t. I, Roma: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1956, p. 203
3 “Respuestas al memorial de la congregación provincial que el año 1592 se hizo en México. Dadas en principio de 1594”, en Monumenta Mexicana V (1592-1596), Romae: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1973, p. 168.
4 Cabe recordar que, en 1646, un breve del Papa Inocencio X estableció que las Congregaciones generales fueran convocadas cada nueve años, orden que Benedicto XIV derogó en 1746. M. Colpo, “Carafa, Vicente”, en Charles E. O’Neill y Joaquín Ma. Domínguez (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-temático, II Costa Rossetti-Industrias, Madrid: Universidad Pontificia de Comillas, 2001, p. 1628.
5 Francisco Javier Alegre S.J., Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, t. III, Roma: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1959, p. 368, nota 1.
6 A. de Aldama, I. Echarte, “III. Congregación de Provincia”, en Charles E. O’Neill y Joaquín Ma. Domínguez (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-temático, I AA-Costa Rica, Madrid: Universidad Pontificia de Comillas, 2001, p. 912.
7 Alegre, Op. cit., pp. 15-16, 264-265.
8 Francisco Javier Alegre S.J., Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, t. IV, Roma: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1960, p. 33.
9 Agustín Galán García, El “Oficio de Indias” de Sevilla y la organización económica y misional de la Compañía de Jesús (1566-1767), Sevilla: Fundación Fondo de Cultura de Sevilla, 1995, 64.
10 Francisco Javier Alegre S.J., Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, t. II, Roma: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1958, p. 653, nota 1.
11 Francisco Zambrano, S.J, Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México, t. VI, México: Editorial Jus, 1966, p. 365.
12 Alegre, Op. cit., p. 97.
13 Galán García, Op. cit., p. 77.
14 Alegre, Op. cit., p. 447.
15 Francisco Zambrano, S.J, Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México, t. VIII, México: Editorial Jus, 1968, pp. 682-685; Francisco Zambrano, S.J. y José Gutiérrez Casillas, S.J., Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México, t. XIII, México: Editorial Jus, 1974, p. 178.
16 Francisco Javier Alegre S.J., Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, t. IV, Roma: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1960, pp. 229, 233-236.
17 Para las instrucciones de los provinciales a los procuradores, véase en este blog la entrada de marzo de 2024 elaborada por Luisa Elena Alcalá con el título “1000 pesos para gastar: las Instrucciones de un Padre Provincial a los Procuradores” (https://projesart.org/1000-pesos-para-gastar-las-instrucciones-de-un-padre-provincial-a-los-procuradores/)
18 Francisco Xavier Lazcano, Vida exemplar, y virtudes heroicas del venerable padre Juan Antonio de Oviedo, de la Compañía de Jesús, México: Imprenta del Real y Mas Antiguo colegio de S. Ildefonso, 1760, p. 101.
19 Alegre, Op. cit., pp. 395-396.
20 Francisco Javier Alegre S.J., Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, t. II, Roma: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1958, p. 166.
