Desde Lima a Jerusalén: El largo viaje de un frontal en plata durante el siglo XVII*
Con el objetivo de mostrar otro tipo de circulación de objetos que corrió paralela a la que impulsaron los procuradores de provincia jesuitas y que -al igual que esta- ha sido escasamente estudiada, se analiza el envío de un frontal de plata del Potosí y de manufactura limeña que hizo un largo viaje desde el Virreinato del Perú hasta Jerusalén durante el siglo XVII. El objeto litúrgico finamente labrado fue donado por la vecina de Potosí doña Antonia Chamos de Tamayo para “el Santo Sepulcro de N(uest)r(o) S(eñor) en Ierusalem”, como rezan las cartelas del frontal. (Imagen 1)

A diferencia de los objetos enviados por laicos que los procuradores jesuitas transportaban a Madrid y Roma, este antipendio forma parte de los objetos preciosos que los cofrades del Santo Sepulcro enviaban por medio de los franciscanos y de la Obra Pía de los Santos Lugares, dependiente de la corona española. Esta limosna excepcional se donó a los “Santos Lugares de Jerusalén”, es decir, a la Custodia franciscana de Tierra Santa. Esta institución era (y es) la encargada de resguardar los lugares de la vida y pasión de Jesucristo. La plata con que se realizó el objeto tuvo, probablemente, que viajar desde Potosí hasta Lima, donde uno o más orfebres limeños le dieron forma. La Comisaría de los Santos Lugares de Jerusalén (asentada en el convento franciscano de Lima) lo habría enviado por mar desde el puerto de Callao hasta el de Portobelo. Desde allí habría alcanzado Cádiz y Sevilla, luego acaso pasaría por Madrid (para ser enlistado en los registros de la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén), y, desde allí, habría sido transportado hasta Jerusalén. Un improbable recorrido de 15 mil kilómetros hizo que este objeto alcanzara el mismo destino de muchos otros objetos provenientes de toda la cristiandad que eran enviados como limosnas a Tierra Santa.
La provincia franciscana de Tierra Santa fue fundada por el propio San Francisco de Asís en 1217, y la custodia de los hermanos menores en Jerusalén fue ratificada en su misión por dos bulas papales dictadas en 1342 (Gratias agimus y Nuper carissimae) y por el posterior decreto del Colegio de Propaganda Fide que afirmaba el derecho de los hermanos menores a residir regularmente en la ciudad santa. Como orden mendicante dependiente de las contribuciones caritativas cristianas, la organización franciscana de
Tierra Santa se enfrentó al reto de asegurar su propio mantenimiento material al interior de un sistema político y religioso musulmán, en el que no podía pedir limosna. Por lo tanto, la mantención de los franciscanos sólo podía descansar en el desarrollo de una red que les suministrara dinero y objetos procedentes de la Europa cristiana y, más tarde, de América, mediante la española Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén. Esta última institución, apoyada por el patronato español en el Nuevo Continente, aseguraba el paso de los dineros y objetos que iban como limosna hasta los franciscanos de Jerusalén.
El Monasterio de San Salvador en Jerusalén, sede de los franciscanos, recibía limosnas en forma de metales y de objetos. Este antipendio de plata fue regalado y enviado hasta Jerusalén como uno de los tantos objetos preciosos procedentes de todo el mundo católico y enviados a la custodia franciscana de los Santos Lugares. La investigadora Felicita Tramontano ha estudiado los registros de los envíos a la custodia, demostrando cómo los itinerarios de estos objetos eran variados y cómo “la proveniencia mundial de estas ofrendas, incluidas aquellas que venían de tierras extraeuropeas, echa luz a la difusión global de las prácticas católicas”2. Hoy se conserva en el Museo de Tierra Santa, en Jerusalén, de la Custodia franciscana homónima.
En España, una tradición de apoyo a Tierra Santa surgió en el siglo XIII bajo los reyes de Aragón. Aunque la corona española no tenía ninguna obligación formal de sostener la institución franciscana, mantenía una relación especial con esta orden regular y, en el siglo XVII, como cabeza del mayor poder político católico, la protección de Jerusalén era una tarea fundamental. El apoyo que la Custodia franciscana recibió de la corona española propició la creación de una institución ad hoc que más tarde se denominó “Obra Pía de los Santos Lugares”. Esta organización concentraba todos los fondos recaudados para la Custodia de Jerusalén en el Imperio Hispánico: tanto las donaciones oficiales como las que procedían de particulares devotos (en forma de testamentos, legados, herencias), ya sea de forma espontánea o como resultado de esfuerzos organizados de recaudación (como los llamados mandatos testamentarios o “mandas forzosas”).
Este frontal de altar (de aproximadamente 240 por 100 cm) está hecho de plata con placas cinceladas y luego montadas sobre una base de madera. El trabajo limeño del cincelado es extremadamente elaborado y muy exuberante en la profusión de hojas, roleos y veneras. Los fondos alternan secciones lisas y secciones punteadas o esgrafiadas, lo que produce una superficie con distintos brillos y con reflejos variables.
El excepcional regalo es una limosna, en el contexto de las donaciones que los miembros de la Cofradía del Santo Sepulcro hacían a la Comisaria de los Santos Lugares de Jerusalén, cuya sede central provincial se ubicaba en el Convento de los Doce Apóstoles
de Lima. Probablemente, la vecina potosina, doña Antonia Chamos de Tamayo, formaba parte de esta cofradía. A cada lado del antipendio se desmarcan dos cartelas rectangulares, cuya lectura es continua y que llevan inscrita a siguiente frase:
PARA EL SAN
TO SEPVLCRO
DE N(UEST)R(O) S(EÑOR) EN IE
RUSALEM
DIOLE DE LIMO[S]
NA DOÑA ANT
ONIA CHAMOS
DE TAMAYO
VESINA DE POTOSSI EN
EL PERV
ACABOSE EN
LIMA
AÑO
DE 1681
Es probable que este frontal de altar se realizara a partir de placas separadas que fueron unidas en un conjunto homogéneo mediante una virola sobrepuesta con un diseño cincelado de pequeñas hojas regulares. Cinco piezas rectangulares de igual medida (dispuestas en la sección superior y en las dos secciones laterales) enmarcan la sección central, que está compuesta por tres paneles cuadrados divididos, a su vez, en cuatro secciones que enmarcan un óvalo central. Las tres piezas superiores también están hechas de dos piezas independientes, unidas por un remache superior (ver Imagen 2) y por la pieza ovalada central, que lleva imágenes de San José (a la izquierda), de la Virgen de la Leche (al centro) y de San Juan Bautista (a la derecha) (Imágenes 3, 4 y 5).

Imagen 2 
Imagen 3 
Imagen 4 
Imagen 5
En la sección central, a la derecha (Imagen 6), el arcángel San Miguel aparece ataviado como soldado, con armadura de placas que incluyen zapatos y guantes, sobre la cual lleva un faldón encintado y capa, y va coronado de plumas. Porta un cetro que apoya en el suelo con la mano derecha y un escudo en la izquierda que lo identifica con la leyenda “DEUS QUIS SICUT” (¿Quién es como Dios?, la traducción literal del nombre “Miguel” en hebreo). El trabajo de las hombreras y rodilleras y la textura de la capa, así como las baldosas dibujadas en perspectiva del piso, muestran un trabajo miniaturista y realista.

A la izquierda (Imagen 7), San Antonio de Padua posa con un leve contraposto y sostiene a un niño de pie sobre un libro, que antecede la pose y el textil al viento del Cristo resucitado, sosteniendo la esfera celeste en su mano derecha. El brillo y la perspectiva de las baldosas del piso contrastan con el trabajo ranurado de la pared del fondo.

Al centro (Imagen 8), una pequeña venera de la que surgen dos roleos sostiene la custodia, formada por cuatro secciones sobrepuestas y coronada por un serafín y la ostia expuesta en una mandorla circular. Los rayos emergen desde esta mandorla, figurando un sol, y la ostia simula una ostia hecha con un fierro para ostias con el molde de una cruz sobre el monte del Gólgota. Sobre los roleos figuran dos putti simétricos, con la cabeza gacha, sosteniendo la palma y la corona del martirio.

Sobre la custodia y bajo la Virgen (Imagen 9), se distinguen las armas de la ciudad minera de Potosí. El escudo va sobrepuesto y fue previamente cincelado y calado. Sobre el escudo de la villa imperial de Potosí se distingue la corona real y, a su alrededor, la estructura en eslabones de la Toisón de oro, la orden de caballería creada por los duques de Borgoña. El rey Felipe II otorgó este escudo a la ciudad con una estructura de cuatro partes que representan, alternadamente, dos leones rampantes y dos fortalezas. Se han eliminado de esta representación las dos columnas y el águila bicéfala.

La línea visual del centro del frontal recorre, en vertical, la exposición de la Eucaristía, continúa con el escudo potosino relacionado con la corona española y culmina en la representación de la Virgen de la Leche. Este conjunto da especial coherencia al valioso objeto litúrgico enviado desde Potosí, en Los Andes, hasta Jerusalén (Imagen 10). Este antipendio es representativo de la importante presencia de la Comisaría de los Santos Lugares de Jerusalén en el Virreinato del Perú y del compromiso de los fieles con la geográficamente remota causa de la Custodia homónima franciscana. También es testigo de la activa participación femenina en la Cofradía del Santo Sepulcro en Potosí.

La presencia de este antipendio potosino y limeño en Tierra Santa es también testigo de la circulación, entre América y Europa) de objetos preciosos (destinados o no a la devoción) durante el siglo XVII en manos de las órdenes regulares. Si bien las motivaciones de estas donaciones son diversas, estos objetos (regalados en el ámbito franciscano o jesuita) comparten no solo la experiencia del viaje sino la intención del donante laico de hacer una ofrenda, desde la distancia, a un lugar o imagen sagrados.
Josefina Schenke
* Agradezco a Ricardo Kusunoki por la referencia a este objeto y a Bat-ami Artzi por hacerme llegar sus fotos. Agradezco también, y muy especialmente, a Fray Stéphane Milovitch OFM (Terra Sancta Museum, Custodia de Tierra Santa, Jerusalén) por permitirme publicar estas fotografías.
1 NOTA DE LA EDITORA: Un aspecto que interesa al Proyecto ProJesArt es explorar líneas paralelas como esta. En este sentido, en junio del año 2023 organizó un seminario en torno a “Otros Procuradores” que abarcó el caso de procuradores franciscanos y dominicos en los mundos ibéricos altomodernos, así como procuradores de las catedrales de las Indias occidentales en la corte de Madrid. Véase: Seminario de Investigación: Otros Procuradores (ver el vídeo del Seminario) | ProJesArt
2 Felicita Tramontana, «Per ornamento e servizio di questi Santi Luoghi», Archives de sciences sociales des religions, 63, n°183, (2018) : 227-246. Aquí, 239.