Reliquias y Agnus Dei en Tepotzotlán 5

Reliquias y Agnus Dei en Tepotzotlán (México) 

Cuando se recorre el edificio que ocupó el colegio y casa de probación de Tepotzotlán, hoy sede del Museo Nacional del Virreinato (México), destacan los retablos de madera tallados y dorados con esculturas policromadas en la iglesia principal y en las capillas que son motivo de admiración por parte de los visitantes. Si se observa con más detalle, es posible identificar también “vacíos” en esos retablos y capillas. Algunos son nichos de distintos tamaños mientras que otros se caracterizan por ser espacios de forma circular u oval (Fig. 1). Sin embargo, la ciencia indica que el vacío siempre está lleno. En este caso, esos espacios vacíos permiten deducir que contenían algo, por lo que cabe preguntar ¿cuál era su contenido?

A partir de documentación se tiene noticia que esta fundación jesuítica poseía siete “reliquias insignes” o de primer grado, refiriéndose a cabezas y canillas de distintos santos; así como “otras reliquias particulares”, entre las que destacan un clavo de madera “tocado a uno de los Sagrados clavos de Christo Nuestro Señor”, “Vn retrato pequeño de la Sabana Santa tocado al de Turin”, “Vna cruz de ligno crucis”, entre muchas otras. 1

Algunas de estas reliquias se conservaban aisladamente en relicarios de plata mientras que otras ocuparon espacios puntuales en retablos y capillas, como la “de los arzobispos” que resguardaba “tierra de la cueva de san Ignacio”, así como “ceras” de Agnus. Un fragmento de la “vestidura” de san José se ubicaba en la capilla del mismo nombre, por lo que una placa colocada en el siglo XVIII en uno de los muros le confería “la categoría de relicario a la capilla”. 2

Tras la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767, algunas fueron enviadas a la Catedral de México donde actualmente se conservan,3 lo que refiere la gran “estimación” que se les tenía. El resto debieron ser sustraídas en fecha desconocida.

Las reliquias formaban parte del equipaje de los procuradores, en el caso de las de Tepotzotlán se tiene noticia de que unas formaron parte del lote que el padre Tomás Domínguez (1579-1635) llevó de Europa a Nueva España, pero al morir “a la vuelta de su viaje, de muerte natural, muy cerca de S. Juan de Ulúa” 4 su compañero, el hermano coadjutor Gabriel de Hontoria (1598-1645), concluyó el traslado 5. Las reliquias fueron repartidas en las casas y los colegios de la Provincia Mexicana para veneración y devoción.

Hoy en día estos “objetos de devoción” ya no se conservan en su sitio, pero sí los espacios que los contenían, como recordatorio de que en un tiempo estuvieron ahí. En una reciente visita por parte de algunos miembros de ProJesArt al Museo Nacional del Virreinato fue posible observar detalladamente la capilla de novicios en la que se identificaron aquellos “vacíos” que, a partir de una intervención en los años sesenta del siglo XX, fueron llenados en parte.

Según el inventario de bienes que la Junta de Temporalidades realizó en 1767, debajo del lienzo de la Virgen de Guadalupe había tres nichos, los dos laterales tenían vidrios y contenían “varias reliquias”, destaca aquí el uso de vidrios para dejar ver estos restos sacralizados. A mediados del siglo XX dichos nichos estaban vacíos, por lo que como parte de la restauración colocaron tres pinturas para cubrir los vanos (Fig. 2). En el retablo principal o “de espejería” se pusieron pequeñas esculturas de yeso en aquellos sitios que debían tener reliquias (Fig. 3). Del mismo modo, en los nichos de los muros laterales de la capilla, “se volvieron a llenar los huecos” donde había Agnus Dei con réplicas de yeso (Fig. 4).

En la sacristía se conserva un pequeño retablo relicario que no ha sido intervenido y que, a pesar de su actual estado material, muestra el empeño que los jesuitas pusieron para elaborar “envolturas” para las reliquias 6. La variedad de materiales (madera, papel y textil), las técnicas decorativas (tallado, dorado, pintura y bordado) y el diseño del retablo son acordes para contener, por lo menos, 33 reliquias más una imagen central. Es probable que este retablo también tuviera un vidrio que protegiera su contenido (Fig. 5).

Cabe recordar que la capilla de novicios era el espacio en el que los jóvenes que estaban en formación realizaban sus prácticas espirituales, por lo que no es casual que en ella y en su sacristía se hallaran estos objetos, así como otros adquiridos por los procuradores en las distintas ciudades que visitaban en su viaje por Europa. A través de la investigación documental y de los restos materiales que se conservan, este proyecto permite recuperar la memoria de este patrimonio perdido.

Verónica Zaragoza

 1  Libro Protocolo deste colegio de la Compañia de Iesvs de Tepotzotlan, 1673. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, INAH.

2   La inscripción de la placa dice: “SE DEDICO ESTE RELICA / RIO, / A 27 DE ABRIL / DE 1738 / años.” Mónica Martí Cotarelo, “El Relicario de San José”, en Museo Nacional del Virreinato. Tepotzotlán. La vida y la obra en la Nueva España. México: AAMNV, BBVA Bancomer, INAH, 2003, p. 159.

3   Gabriela Sánchez Reyes, “El destino de las reliquias y los relicarios de los colegios de Tepotzotlán tras la expulsión jesuita”, en Jesuitas. Su expresión mística y profana en la Nueva España. México: Gobierno del Estado de México, INAH, 2011, pp. 411-435.

 4 Francisco Zambrano, S.J., Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México. México: Editorial Jus, 1966, t. VI, p. 365.

 5  Gabriela Sánchez Reyes, “El destino de las reliquias y los relicarios de los colegios de Tepotzotlán tras la expulsión jesuita”, en Jesuitas. Su expresión mística y profana en la Nueva España. México: Gobierno del Estado de México, INAH, 2011, p. 418.

 6 Luisa Elena Alcalá y Juan Luis González (eds.), Spolia Sancta. Reliquias y arte entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Madrid: Ediciones Akal, 2023.

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